Ya nos sentíamos adultos-fomes por tener entradas en palco y no haber comprado general para estar ahí, en el humo, en el sudor, en las patadas. Las pelotas. Luego nos daríamos cuenta que la gran mayoría del público estaba compuesto por personas como nosotros que estaban lejos nuestros recuerdos de recitales pasados. Hey, no saltos, no patadas, no sudor. Estamos a medio camino de jubilar?
Stop. Desde el principio.
Ayer se cumplieron cinco años desde que empezamos nuestra relación, era una ocasión especial, coincidió con la fecha del concierto de los Magic Numbers.
“Si alguna vez vienen a Chile fijo que vamos, te lo prometo” había sido la frase causante de todo este asunto.
Teatro Teletón. Capacidad: un moco. Nada de rejas, nada de guardias atajando a la gente, nada de manoseo a la entrada, nadie vendía cintillos fluorescentes. El asunto es que Ebiru aguantó tres minutos sentada en palco antes de agarrarme de una brazo y llevarme a la parte baja.
Se escuchan como en el casec! - gritaba Ebiru mientras avanzábamos entre la gente. Y bueno, todo resultó bien, era un concierto realmente bueno, estábamos a un par de metros de los músicos y podías moverte cómodamente. Hasta ese momento estaba (de uno a diez) en un ocho.

This is our last song!.
Y era de ríal last song, ya se habían dado esa paja de irse y “o-o-o-o-ooooh!” y toda esa costumbre sin sentido. En ese momento, en esa fracción de segundo, el guataca nos invita a todos a subir al escenario y bailar con ellos, pero claro, somos chilenos, somos amurraos y secos pa’l chaqueteo, por lo que nadie subía, hasta que de pronto sube una inglesa que estaba a un par de metros de nosotros y empieza a bailar en el escenario, acto seguido un guardia trata de abalanzarse sobre ella. “No, no, it’s ok” – le dice el vocalista.
Ahí se desató todo. En menos de treinta segundos veía a Ebiru escalando el escenario con la cámara en la mano, un par de metros mas atrás iba yo (y unas cincuenta personas mas) decididos a subir.
El mejor recital de nuestras vidas, terminamos bailando la última canción en el escenario, Paula se cayó por el lado del vocalista, yo me saqué la mierda en los amplificadores de la bajista, Paula cantó por los micrófonos, se sacó fotos con la banda y todo fue risas y alegría. El recital merece un diez más las tres estrellas correspondientes a la actitud más rockera y jugada por parte de una banda.
Lo mejor, punto. 10 de 10